“AUDREY HEPBURN” (EMPEZÓ COMO PRINCESA Y TERMINÓ SIENDO UNA REINA) (3ª parte), por JUAN JULIO DE ABAJO

Después de permanecer retirada del cine durante años, cuando la industria americana se había transformado y tomado otros derroteros y ya no se daba el culto debido a las estrellas, como lo hicieran años atrás, cuando ella comenzaba, Audrey Hepburn aceptó ser la intérprete, junto a Sean Connery, de una nueva incursión de Richard Lester en el mundo del celuloide, titulada “ROBIN Y MARIAN”, en la que se desmitificaba el personaje que fuera clave en la historia del cine de tantas y tantas “cintas” sobre un mismo héroe: Robín Hood. Pero todo había cambiado abismalmente. Ni la película fue lo que se esperaba, ni Audrey Hepburn debió de haber aceptado aquel papel, pues nada aportaba a su bien ganada popularidad. “ROBIN Y MARIAN” tiraba por los suelos los sueños y las ilusiones de muchos adolescentes que habían gozado con las increíbles  aventuras de aquel “aguerrido”  héroe que luchó en defensa de su Rey, Ricardo Corazón de León. Todo lo que, en otros tiempos, había constituído un gra “mito”, algo intocable y dantesco, Richard Lester lo destrozó con una sola película. A nadie gustó. Y poco o nada reportó. Incluso Richard Lester tuvo muy pocas atenciones y delicadezas con la estrella, que para él, por entonces ya, era tan sólo una actriz más a dirigir. Audrey Hepburn se lo pensaría mucho antes de volver a ponerse otra vez a las órdenes de cualquier otro realizador que no fuera de su total confianza. Creemos que hizo lo justo.

Hemos dejado para el final el comentario sobre la que fuera su maravillosa interpretación. La mejor. La inigualable. Por la que todos la reconocemos. Nos estamos refiriendo a “MY FAIR LADY”, a las órdenes del prestigioso director de actrices George Cukor. Esta “cinta”, que data de 1964, se mantiene lozana y fresca y no envejecerá jamás. Nació viva y radiante y perdurará así pasen los años que pasen. Y no es que fuera una obra maestra; era un “mito”. Y un MITO, así, con mayúsculas, perdurará siempre. Las canciones que interpretaba le fueron dobladas, lo que ella no pudo evitar. Y es que se había preparado meticulosamente para interpretarlas ella misma. Su oponente, el impagable Rex Harrison, compuso una de sus más depuradas interpretaciones, en un “role” que le venía de perlas a su talante y a sus magnas dotes de actor inglés. Creo que nunca volvió a hacer nada igual. “MY FAIR LADY” ha quedado ya con la cara y los gestos de esa mujer inigualable que fue Audrey Hepburn, y el acre humor de Rex Harrison.

Toda actriz que se precie de ser ambiciosa y luche por un puesto en el firmamento de las grandes, lucha siempre por esos personajes “bombones” que tan rara vez caen en manos de las que los codician. En el caso de Audrey Hepburn, no le faltaron ocasiones de que estos anhelados “papelones” le llegaran con fluida generosidad y de forma espontánea. En “HISTORIA DE UNA MONJA”, de Fred Zinnemann, del año 1959, interpretaba a una monja que mantenía consigo misma la lucha de sus creencias religiosas con el odio visceral hacia los asesinos de su padre, al que tanto cariño profesaba. Fue uno de esos “roles” que, rara vez, muy escasamente, casi con cuentagotas, se escriben pensando en una mujer. No hay que olvidar que Zinnemann fue uno de los grandes y que sus temáticas, todas, tuvieron siempre mucha ”miga” dentro. Yo le admiraba. A las órdenes de Blake Edwards hizo “DESAYUNO CON DIAMANTES”, una novela corta de Truman Capote. Esta historia se puso por entero a su servicio, no siendo desaprovechada la jugosa oportunidad. Y otra más fue “SOLA EN LA OSCURIDAD”, de Terence Young, producida por su ex marido, el mediocre Mel Ferrer. Estos fueron algunos de los títulos más gloriosos que interpretó con proverbial sabiduría y acercándose, cuando no llegando, a la perfección absoluta.

Pero no en todas las ocasiones dijo sí, como hemos comentado. Una de estas ocasiones fue cuando Alfred Hitchcock la quiso teñir de rubia para el rodaje de “NO BAIL FOR THE JUDGE”. El “maestro” recibió un NO como una Catedral (nadie osaba decir NO al “maestro” y menos de manera tan rotunda) cuando le ofreció el papel de una mujer que es brutalmente ultrajada, cosa que desagradó de manera particular a la sensible Audrey Hepburn, que acababa de sufrir su segundo aborto. Otro de los despreciados papeles fue “CONFIDENCIAS”, la bellísima película de Luchino Visconti, con el que se negó a trabajar al tratarse de un personaje un tanto escabroso. Recaería la responsabilidad en la interesante actriz  italiana Silvana Mangano (¡qué portento de mujer, Señor!), que lo bordó, como era de esperar.

Y lo que no debió aceptar jamás, por contrapartida, fue la película “MANSIONES VERDES”, que dirigió el por entonces marido de ella, Mel Ferrer. Fue un “film” deplorable y malo donde los hubiera, que la perjudicó tanto a ella como a un juvenil Anthony Perkins. Suponemos que todos los que rodaron aquella “cinta” con tanta vegetación de por medio procurarían olvidarla rápidamente.

Audrey Hepburn era el polo opuesto de las actrices de su tiempo, pechugonas y provocativas. Odiaba la blasfemia y el comentario torpe, lo que procuraban evitar quiénes la rodeaban. Se vistió en “Givenchy” y su aire de sofisticación le hacía resaltar más entre las mediocres y vulgares. La vistieron también Ken Scott, Mary Quant y Paco Rabanne, que se sintieron halagados de que una mujer con figura de bailarina y posturas de alta modelo luciera sus costosas prendas en la pantalla y fuera de ella. Audey Hepburn fue una de las damas mejor vestidas del mundo del espectáculo, como proclamaron los entendidos. La elegancia iba con ella y la elegancia no sabe ser elegante sin la personalidad atrayente de quien porta esa elegancia de nacimiento.

Audrey Hepburn fue amada por Mel Ferrer, con quien tuvo un hijo, y tras la separación de ambos se enamoró del psiquiatra italiano Andrea Dotti. Ya en el ocaso de su vida se dejó querer por Robert Wolders. Y, una vez que el cine y ella rompieron definitivamente, centró toda su atención, todo su amor y toda su entrega en la “UNICEF”, de donde sería embajadora de buena voluntad, amando a los niños como los amaba.

Un día, se fue. El cáncer, ese mal infrenable con el que todavía hoy nadie puede, nos la arrebató. Hasta los últimos días siguió con su vida normal, no sin gran esfuerzo y amargura en su alma. Cuando no pudo más, Gregory Peck (tenía fama de ser el más caballero y señor de todos los actores de Hollywood), su entrañable amigo y compañero en “VACACIONES EN ROMA”, puso a su disposición su avioneta particular para que fuera trasladada a su casa de Suiza, de donde ya no volvería a salir con vida.

Fue una gran mujer y una portentosa actriz. Fue una dama que empezó en el mundo del Cine como princesa y llegó a ser la reina de todas ellas.

COPYRIGHT DESIGNS AND PATENTS ACT, 2009 (jUAN jULIO DE ABAJO DE PABLOS)

Prohibida su reproducción total o parcial.

JUAN JULIO DE ABAJO DE PABLOS

(Cineasta,Guionista,Actor,Director,Editor,Periodista,Compositor,Articulista…)

Diplomado en Derecho por la “UNED”.

Miembro de la SGAE.

HISTORIADOR CINEMATOGRÁFICO.

www.fancyediciones.es

juan@fancyediciones.es

           

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6 Responses to ““AUDREY HEPBURN” (EMPEZÓ COMO PRINCESA Y TERMINÓ SIENDO UNA REINA) (3ª parte), por JUAN JULIO DE ABAJO”

  1. апартаменты посуточно Says:

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  2. Juan Says:

    Un paisaje de cuadro muy en consonancia con las fechas que se avecinan. De cualquier modo, muy bello.

    Las camas sirven para dos cosas: una, para dormir; la otra, para dormir acompañado… Yo prefiero la segunda.

    Uno solo es poco, dos son los justos y tres ya son cantidad. OK?

  3. seomoz Says:

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  6. Juan Says:

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    Juan Julio de Abajo

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