“LA INDIFERENCIA, ARMA EFICAZ”, by JUAN JULIO DE ABAJO
Lunes, Abril 26th, 2010(Me siento tan seguro de mi grandeza espiritual e interna, tan complacido de cómo soy y me quiero tantÃsimo - sin caer en el narcisismo, no seamos exagerados - que, los que pretenden que reviente, sufren, como efecto de “bumerang” - ¡pobres, pobres! - esa misma pócima que lanzan como dardos envenenados. Por la boca muere el pez, y la ponzoña es un veneno muy desabrido.)
Todo hombre importante que se precie de serlo tiene sus enemigos siempre prestos a saltar sobre él. Pero, como los hombres importantes - precisamente por la grandeza de serlo -, suelen menospreciar, impertérritamente, a los mediocres - sus enemigos, los fracasados de solemnidad -, siguen avanzando en su trayecto hacia el poderÃo que representan talento e ironÃa en dosis inimaginables.
Adolfo Marsillach - cojo a este personaje porque no le conocà personalmente -, al saber que tenÃa cáncer de próstata, dejó un legado tan corrosivo como realista sobre las gentes - sin discriminación de sexos, posicionamientos polÃticos, culturales o, simplemente, idiotizantes - que nadie le ha perdonado. Pero, ¿qué le iba a importar a este cÃnico actor, buen escritor y vanguardista director de teatro - en el Cine era pésimo - lo que pudieran decir una vez se hubo explayado si sabÃa que iba a morir? La gran ventaja de saber que uno va camino del cadalso - una ventaja muy útil para ir tomando apuntes y poner en la picota a los que daño te han causado - es que, premeditadamente y con alevosÃa, puedes no dejar tÃtere con cabeza y decir que Fulanito era un cabroncete o que Zutanita era un zorrón desorejado. Adolfo Marsillach lo hizo - ¡bravo, bravo! - y creo que es una idea fenomenal. Ya he tomado nota. SÃ, eso: para hacer otro tanto de lo mismo.
Yo tolero la imbecilidad en pequeñas porciones - tiendo a ser tolerante con los demás y menos conmigo mismo - porque vivimos en un mundo de estólidos intolerantes y no hay más remedio - mal que lo lleve uno - que sacrificarse con paciencia infinita y caminar con la vista puesta en lo venidero - ¿quién dice que en lo venidero no puedes hallar la inteligencia de un ser maravilloso? - y lo que atrás quedó - miserias y más miserias y miserables de “water” - lo digiera el demonio. La fatuidad camina cogida de la mano con la pobreza de espÃritu, como dos buenas amigas - ¡y que pobreza en ocasiones, joder! -, y lo mejor, lo recomendable, es esperar a que se desmorren o a que desbarren, cosa que llegará a poco que nos detengamos a esperarlo. SolÃan decir los antiguos: “Siéntate a la puerta de tu casa que el cadáver de tu enemigo verás pasar.” Y como tantas cosas de “los viejos”, es una verdad como una catedral. He hecho un cálculo y he visualizado, mentalmente - ya saben que el Cine me va; que estoy dotado para la creatividad más febril; que lindo con la “genialidad”; que Fellini, Visconti, Welles, Spilberg, Coppola, Woody Allen y otros “chicos” de estos me pidieron opinión en su dÃa -, que la inmensa mayorÃa de mis enemigos - yo soy muy importante: he tenido y tengo todavÃa muchos enemigos - están en el Campo Santo - lo pongo con C y S mayúsculas por respeto a un campo tan despoblado pero tan lleno - curioso, ¿no?, imaginativo, ¿verdad? - criando malvas. Gentes que se hincharon de atrabilis - palabra muy certera - sin pensar - ¡pensar, pensar, qué difÃcil les resultaba pensar! - que iban a terminar bajo tierra y deglutidos por golosos gusanos. La estolidez es propia de la condición humana; la ofuscación, la antesala del infierno; la maldad, degenerativa de males ignotos; la envidia, una invitación a la úlcera; el odio es recompensado con el infarto… Y podÃa seguir; la lista es prolija y demostrable. En quince años - asÃ, a “grosso modo” -, he calculado que he visto morir - en esquelas impresas o por comentarios que me llegaron sin pedirlos - a unas sesenta o sesenta y tres personas que, en su dÃa, lucharon para destruir algo indestructible: lo inexistente.
En hora mala - para ella, que luchaba contra molinos de viento, como una cervantina alocada - una mujer me dijo con la rabia dibujada en su rostro: “Tú y yo sabemos la verdad, pero nadie más lo sabrá!” Mi pobre amiga, ¡qué equivocada estabas y estás! Todo se termina sabiendo… Todo. Se puede engañar a unos pocos durante un tiempo determinado; jamás - y tenlo por seguro - a muchos durante toda la vida. Proferir difamaciones contra el que se muestra indiferente es como dar patadas a una roca: inútil y de mentes quebradizas.      Â
Lo dicho: todo hombre importante tiene sus enemigos y detractores. Y cuanto más importante es - o indiferente, que es harina del mismo costado - más encabronados sufrirán y con su ira morirán. ¡Hasta lo he rematado en verso!
JUAN JULIO DE ABAJO
(Escritor y Cineasta)
Diplomado en Derecho por la “UNED”.
HISTORIADOR CINEMATOGRÃFICO.