Vivimos unos tiempos en los que predomina la mediocridad y lo tosco. Acabo de apagar la televisión porque sus imágenes y personajes me daban asquito y un sopor de aburrimiento rayando en lo letal estaba amenazándome.
El cine ya no es cine: es una caca. La televisión, sea el canal que sea, induce al suicidio en masa y sin previo aviso, lo que es grave. El teatro parece como si no hubiera existido nunca, porque nadie hace alusión a este Arte de Talía. Los libros, por la crisis, no los compra ni Dios. La pintura ha sido siempre para la “élite”. La música, mi pasión oculta, en ocasiones es más adecuada para el poblacho más próximo que para los que tenemos buen oído y un gusto por lo canoro quizás ya algo añejo, como todo lo que ha perdurado a través de los años. ¿Qué hacer, pues? Esta es la cuestión.
Hay una individua por ahí que se llama - creo - Belén Esteban, que vocifera más que habla, y que me parece de lo más feo y desagradable que he visto en mi vida. Y eso que he visto mujeres… Esta “señora”, al decir de muchos, da a ganar sustanciosos dividendos a las cadenas de televisión y ella, al parecer, vive regalíamente de vender su vida, sus miserias, sus cuitas y enfados con otros y demás lindezas de ésta etiología. Yo no la aguantaría ni media hora. Es más: para mí, lo más sano sería emprender la huída a carrera veloz.
Yo me he casado, prácticamente, tres veces. Y, aunque mis matrimonios no salieron bien, debo reconocer - y así lo voy a hacer - que, incluso la peor de las tres, tenía una mínima de compostura cara a eso que llaman “la sociedad”.
Pero el problema reside en qué nos estamos equivocando y hacia dónde vamos en la barbarie de un mundo lleno de locos y sin sentido del pudor ni de la dignidad. ¿Se deberá al cambio climático? ¿Será por la superabundancia humana que ya es tan bestial que nos podemos salir del Planeta a poco que nos empujen? ¿Será que lo único que importa es el aquí, ahora y rápidamente, sin degustar el placer de lo bien creado para ser disfrutado? ¿Tal vez Dios ha muerto?…
Yo conocí, afortunadamente, unos tiempos tan radiantes y hermosos que ni la luz del Sol se le podían comparar. Tiempos de amor humano, con delicadeza, entrega, dulzura, mimo… Tiempos que ensancharon mi corazón de hombre hipersensible, tan amante del ARTE como de todo lo creado, por haber sido creado para ser amado. Tiempos en que podía mirar hacia el exterior y lo que veía gratificaba mis sentidos y daba nombre a la palabra FELICIDAD. ¿Es hoy feliz la gente? Háganse esta pregunta de vez en cuando, a solas, y mediten luego con la cabeza que para eso la tienen sobre los hombros.
UN SECRETO: Yo, cada noche, antes de dormirme, digo con paz interna: “GRACIAS, SEÑOR, POR UN DÍA MÁS, Y GRACIAS, SEÑOR, POR UN DÍA MENOS.”
Tal vez por esto, quizás únicamente por esta tontería, duermo sosegadamente. Y solo. Y no pasa nada. Porque sé que no estoy solo… ¡Gracias, Mandamás! ¡Gracias por haberme creado como soy, pese a mis muchísimos defectos!
Ha sido un placer escribir para ustedes.
JUAN JULIO DE ABAJO DE PABLOS
(Ya me conocen sobradamente)
www.fancyediciones.es
juan@fancyediciones.es